La crisis de comunicación de la URJC en el caso Cifuentes - Anna Alonso | Comunicació Corporativa
Gestionar una crisis de comunicación como la que en estos momentos atraviesa la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) por el caso Cifuentes no es tarea nada fácil. Las crisis de comunicación requieren, siempre, de muchas habilidades por parte de los equipos directivo y de comunicación y las prisas no son buenas consejeras. A menudo, en las crisis, para -con buena voluntad- intentar salvaguardar el nombre y la reputación de quién las padece, se toman decisiones del todo equivocadas, que empeoran la situación, porque, lejos de aclarar los hechos, añaden más confusión. 
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La crisis de comunicación de la URJC en el caso Cifuentes

Gestionar una crisis de comunicación como la que en estos momentos atraviesa la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid por el caso Cifuentes no es tarea nada fácil. Las crisis de comunicación requieren, siempre, de muchas habilidades por parte de los equipos directivo y de comunicación y las prisas no son buenas consejeras. A menudo, para -con buena voluntad- intentar salvaguardar el nombre y la reputación de quién las padece, se toman decisiones del todo equivocadas, que empeoran la situación, porque, lejos de aclarar los hechos, añaden más confusión a lo ocurrido.

En este caso, la URJC y la propia Cifuentes han fallado desde un inicio por varios motivos.

El mismo día que eldiario.es publicaba la noticia afirmando que, supuestamente, la presidenta del PP de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes había falseado dos notas de su Máster en Derecho autonómico cursado en esta universidad, la Universidad anunciaba una rueda de prensa para las 13:30 horas.

Primer error; se organizó una rueda de prensa de manera precipitada sobre una noticia que había aparecido en un solo medio de comunicación. Segundo error; en la rueda de prensa comparecería el rector de la Universidad, Javier Ramos, la máxima autoridad de la institución, la figura más importante a proteger.

Sin entrar en detalle, en esa rueda de prensa el rector Ramos justificó como una “mala transcripción” informática al introducir las calificaciones la presunta falsificación de las notas de dos asignaturas cursadas por Cifuentes y aseguró que la presidenta había superado todas las asignaturas al finalizar el máster, en el curso 2011-2012.

Por aquel entonces, todos los medios de comunicación españoles (y, posiblemente, también algunos de extranjeros), se hacían eco de la noticia y de los argumentos aportados por la URJC para mitigar sospechas sobre el presunto fraude. Tercer error; aunque la noticia de eldiario.es también se había viralizado en redes, lejos de apagar el fuego y resolver dudas, la rueda de prensa supuso un auténtico altavoz para dar a conocer oficialmente el caso.

Cuarto error: el mismo día que saltó la noticia y que la URJC organizó la rueda de prensa, a medianoche, Cifuentes colgó en su cuenta de Twitter un vídeo grabado a modo selfie (un tanto peculiar) para dar explicaciones sobre lo ocurrido.

Como se sabe, la crisis no acababa aquí, más bien empezaba en ese momento. Y es que eldiario.es siguió publicando más capítulos sobre su “suculento caso” en los días siguientes, aportando nuevos detalles y pruebas que han puesto en un serio entredicho las explicaciones de la universidad y de la propia Cifuentes, hasta el punto que la URJC anunció que llevaría a cabo una investigación interna para aclarar lo sucedido solo un día después de realizar la rueda de prensa y Cifuentes, por su parte, lleva dos semana sin realizar ninguna comparecencia pública ni declaración a medios.

A estas horas, el futuro político de la presidenta de Madrid cuelga de un hilo (su socio de gobierno, Albert Rivera, de Ciudadanos, la acusa directamente de “no decir la verdad”) y es probable que hoy comparezca públicamente para dar explicaciones.

Al margen de si, realmente, las notas se falsearon o no y de cuáles deberían ser las consecuencias, el error más grave en todo este asunto no es haber gestionado mal la crisis de comunicación, sino pensar que la Comunicación puede servir para ocultar los propios errores. Y, aunque en Política no siempre sea posible, a veces, la única forma -y la más fácil- de sofocar una crisis es diciendo la verdad. Y si no, que se lo digan al Rey Juan Carlos.

 



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